postimg
Jul 2009 03

Hace casi un mes que se celebraron en toda Europa las elecciones para decidir la composición del Parlamento Europeo. De aquella cita electoral se pueden sacar muchísimas conclusiones políticas y sociológicas, pero sin duda yo me quedo con dos.

En primer lugar el altísimo índice de abstención que se alcanzó el 7 de junio (similar al alcanzado en todos los comicios al Parlamento Europeo) y que pone de manifiesto un evidente sorprendente escepticismo hacia las cuestiones más relevantes de nuestro entorno continental. Os confieso que me resulta sorprendente cómo los ciudadanos prefieren no participar en la composición de una cámara que será la que decida las cuántías de los fondos que la UE dé a España para realizar nuestras carreteras, nuestras redes de alta velocidad, las autovías que tanta falta hacen en muchos puntos de nuestra complicada y extensa geografía… ¡Cuántas veces hemos pasado por un cartel de obras de infraestructuras y aparece la bandera de la Unión (porque financia la obra)! Pues bien, son éstas y muchísimas más las cuestiones que se deciden allí. Y es que precisamente “allí” es el término equivocado porque la Unión Europea no es “allí” sino desde hace 23 años es también “aquí”, pero parece que no lo tenemos muy presente.

Resultados Europeas 2009

El PP europeo saca más de 100 escaños al PSOE

Evidentemente el ciudadano es el menor culpable de la altísima abstención producida. Nunca podemos los políticos culpar a los ciudadanos porque su decisión de votar, de votar en blanco, o de no votar es absolutamente legítima. Ellos son quienes mandan y quienes deciden… Y cómo no, quienes envían determinadas señales o toques de atención a los políticos: la abstención, entre otras.

La abstención no ha sido una nota característica en estos comicios sino, más allá de eso, se ha convertido es la constante de la ecuación europea desde hace ya muchas Elecciones al Parlamento Europeo (salvo las primeras que debieron generar mayor expectación). No se trata tampoco de un síntoma nacional sino de una pandemia a nivel europeo, puesto que se ha extendido desde la Europa del Este, pasando por el Norte hasta el Mediterráneo y siendo más acusada en Europa Occidental. Tampoco creo que se trate de un euroescepticismo alarmante, sino más bien de una falta de ilusión de los europeos en general con la política comunitaria y una falta de conocimiento también general acerca de lo que “allí” se decide.

El balcón de la victoria

El balcón de la victoria

La moraleja es clara: si muchos europeos no han ido a votar es, sin duda, porque los políticos de toda Europa y de todos los colores no hemos sido capaces de transmitirles la importancia y la relevancia que tienen las decisiones de la Unión Europea en sus vidas.

Algunos lo hemos intentado diciendo a los jóvenes que “Europa va contigo” pero otros han perdido ese valioso espacio de impulso del acervo comunitario para insultar y manchar a los rivales, es decir, desilusionar, crispar y desmotivar a los ciudadanos. Probablemente ésos hayan sido los interesados en la abstención, los que no querían que España fuera a votar porque sabían que les venía encima.

Y ésta es precisamente la segunda conclusión que sacamos de la Elecciones Europeas del 7 de junio: la victoria aplastante de PP-Europeo que ha sacado más de 100 escaños al Partido Socialista Europeo. En Francia arrasaron los nuestros; en Alemania más de lo mismo; y en Italia; y en el Reino Unido; y en Polonia; y en Portugal… y en todos los países de la Unión salvo en tres. Y en España también arrasó el Partido Popular de Rajoy.

Mientras una terrible crisis  financiera golpea a toda Europa sin piedad, los europeos han preferido las políticas de centro del PPE. Y mientras esa crisis financiera y otra de índole económico golpean más duramente a España, los ciudadanos españoles han preferido el Sentido Común al despilfarro, las cuentas claras a las revisiones constantes de los PGE, y han preferido las soluciones a la crisis que las nubes de humo y la frivolidad (al meter en campaña temas tan serios y complejos, y poco oportunos en una campaña europea, como la interrupción voluntaria del embarazo, toma ya!).

Sólo un año después de las Elecciones Generales en que salió reelegido Zapatero, España ha cambiado el sentido de su voto, pese a lo pronosticado (o deseado, seamos malos) por el CIS de la señora De la Vega. Dicen que no hay encuesta más fiel que el resultado de unas elecciones… pues ahí lo tenéis. En menos de un año, España ya se quiere quitar de encima al incapaz y así lo ha manifestado en las Elecciones de apenas hace un mes.

Ésta y no otra es la conclusión: han ganado el sentido común y las soluciones. Y espero, ojalá, que a los perdedores les haya quedado bien claro que en España no funciona la política del miedo y del insulto, sino la de la propuesta y la eficacia.

Bookmark and Share

Escribe tu comentario