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Abr 2009 30
Estos días, con motivo de la primera visita de Estado a nuestro país del Presidente de la República Francesa, Nicolás Sarkozy, y su glamurosa esposa, Carla Bruni, hemos podido ver nuestras calles de Madrid engalanadas y orgullosas de su capitalidad, repletas de banderas francesas y españolas, llenas de color… nuestras instituciones, nuestros representantes y, en especial, nuestros Monarcas, luciendo sus mejores galas, cuidando escrupulosamente los símbolos, manteniendo un estricto protocolo. No quiero quedarme con la parte más glamurosa (que para eso ya está la pesadísima y omnipresente prensa del corazón). Prefiero quedarme con la imagen que hemos querido, entre todos, mostrarle al Presidente de nuestros vecinos: nos hemos mostrado orgullosos de ser una gran Nación.
La Familia Real junto a Sarkozy y su esposa

La Familia Real recibe en palacio al Presidente Sarkozy y su esposa

Cuánto respeto institucional, qué protocolo se ha guardado, qué imágenes habrán llegado a Francia… Jamás me ha gustado esa graceja arcaica y trasnochada que consiste en reírse de lo cutre y lo chabacano. ¡España no es cutre ni chabacana! Somos más que una pobre tierra mediterránea de gentes simpáticas: más bien un país con miles de años de historia, un Reino centenario, con una lengua universal, con una cultura que nada tiene que envidiar a la de ninguna otra nación del mundo, que ha aportado a la humanidad grandísimos literatos como Cervantes, Lope, Quevedo, Larra, Lorca… De aquí salieron los pinceles de Velázquez, de Goya, de Dalí o de Picasso… Leyendas de Reyes y princesas, palacios y jardines, y sobre todo, un pueblo –el español– que ha sabido ser protagonista de la historia a lo largo de los siglos, conquistar su libertad frente los de fuera y también frente a nosotros mismos, y aprender de sus errores para construir la España en la que hoy vivimos.

El Rey y Sarkozy observan 'Las Meninas'

El Rey y Sarkozy observan 'Las Meninas'

Nada tenemos que envidiar de la ‘grandeur’ francesa, ni de la pomposidad británica, ni nada de ningún otro país del mundo. Nosotros también podemos llenar nuestras calles con nuestras banderas como cuando vencimos hace meses la Eurocopa de fútbol, aunque lo celebremos a nuestra manera (a la española, que es más divertido). Y celebramos los triunfos de Penélope y de Almodóvar, y también, ¿por qué no?, somos capaces de escuchar con respeto nuestro himno en las Cámaras parlamentarias cuando da comienzo el año político, o mirar con orgullo desfilar a nuestros soldados, o saber que sin excesos y desde la austeridad que siempre les ha caracterizado, también podemos celebrar impresionantes cenas de gala junto a nuestros Monarcas.

¿Por qué tenemos que seguir viendo los escaños vacíos de grupos nacionalistas cuando suena el himno y los Reyes acuden a las Cortes Generales? ¿Dónde está escrito que tengamos que se el país cutre de los chistes de ‘ va un inglés, un francés y un español’? Muy bien que hayamos sacado el orgullo y mostrado lo mejor deEspaña ante el Presidente Francés…. ¿Por qué no hacerlo todos los días?


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