postimg
Ene 2010 27

Ilusión no es humo. Ilusión no es soñar. Ilusión tampoco es imaginar… Es mucho más: es crear e inventar la realidad. Así lo he creído siempre… la ilusión es tan vecina de la realidad que viven pared con pared y sin ésta sería imposible que la otra existiera.

Es cierto que los sueños pueden ser de verdad o de mentira (la imaginación y la fantasía generalmente son), pero cuando un sueño se comienza a acercar a la realidad, cuando empezamos a darnos cuenta de que eso que hemos imaginado tantas veces se puede conseguir, entonces deja de ser un sueño para convertirse en una ilusión

Habrá quien piense que esto no es así. Y para eso puse lo de los comentarios en el blog… pero mientras este blog siga siendo personal daré mi criterio por bueno :) La ilusión es esa energía de la que te llenas cada vez que algo que soñaste se puede hacer realidad.

Parece impresionante y debería ser algo esencial en nuestras vidas. Sin embargo, hoy está totalmente de capa caída. Parece que en medio de esta vorágine de ofertas fáciles, de opciones y alternativas que nos rodean e incluso nos persiguen, hemos olvidado que se pueden tener proyectos (al menos planes) y además pueden ser que llegue nuestra oportunidad para lograrlos.

No engaño a nadie si reconozco que yo soy el primero que en ocasiones (demasiadas últimamente) me replanteo si en la orilla del deber ser, de lo políticamente correcto, de las apariencias y las formalidades, puede aparecer de repente en barco pirata de las aventuras, de las escapadas, los flirteos, la botella de ron, la pata de palo y, como no, el garfio.

¿Quién no se ha querido poner el parche en ojo y subirse al viejo velero de lo genial? (cada cuál sabrá cómo y con quién imagina este barco pirata y cómo tiene organizado su impecable navío inglés; para quien no lo haya pillado aún: cada uno sabemos más o menos cómo es esa ilusión que estamos esperando y a la que nos encantaría dedicarnos los próximos X días, X meses, X años o toda la vida).

Sí: hay quien iza la bandera pirata, desaparece del buque, arroja al mar su uniforme de soldado de plomo y comienza su propia aventura. Otros se pasan la vida en la formalidad del navío de lo correcto y las apariencias, haciendo guardia (quiero decir guardando las formas) y mirando de reojo al viejo barco del pabellón negro con las tibias y la calavera, al que algunos de los suyos lograron tener el valor de subirse. Pero hay otros terceros, que se pasan la vida en la cubierta, oteando el horizonte, con la esperanza de que aparezca su barco pirata para embarcar con el sable en la cintura y el loro en el hombro (y cada uno lo que quiera) esperando encontrar –como el pastor Santiago de El Alquimista de Paulo Coelho– el verdadero tesoro escondido.

Cuando una persona desea realmente algo, el Universo entero conspira para que pueda realizar su sueño. Basta con aprender a escuchar los dictados del corazón y a descifrar un lenguaje que está más allá de las palabras, el que muestra aquello que los ojos no pueden ver.

Me cautivó aquella novela. Y reconozco estar permanentemente influenciado por ella en muchos de mis planteamientos, discursos, escritos… aunque debería de estarlo también para entrar en acción. Por eso yo quizá soy de esos que están esperando en cubierta… Quien sabe. Lo mismo lo somos todos. Estoy convencido que pese a todo, aunque el mundo esté inmerso en una importantísima crisis (de ilusión fundamentalmente) todos la ansiamos y si existiese el portal de internet de “se busca ilusión” tendría millones de visitas a todas horas.

Al margen ya de mi evidente preferencia “de toda la vida” por el Capitán Garfio (que me parece mucho más original e irrepetible que los Barbosas y Sparrows de última hora, aunque compartan el mismo espíritu ilusionante), tengo que recordar que la única norma que tiene un pirata es ser libre y que nuestra “gran ilusión” de cada uno tiene mucho que ver con sentirnos libres.

Me viene también a la cabeza la letra aquella del maestro Sabina que decía algo así como:

Y como además sale gratis soñar y no creo en la reencarnación,
con un poco de imaginación partiré de viaje enseguida
a vivir otras vidas y a probarme otros nombres;
a colarme en el traje y la piel de todos los tipos que nunca seré [...]

…Pero si me dan a elegir entre todas las vidas yo escojo
la del pirata cojo con pata de palo, con parche en el ojo, con cara de malo…

¿Os acordáis? Genial.

De esto mismo que hoy escribo desde un punto de vista divertido cuando hablo de piratas y garfios (de las diferencias entre sueños e ilusión), me habló hace tiempo alguien que me ha acompañado mucho estos dos últimos años al recomendarme “La muerte de Iván Ilich” de León Tolstoi. Pues bien, yo que soy de los que reconocen estar en cubierta, pendientes de que llegue su gran ilusión, sólo espero estar más espabilado que Iván Ilich. Por lo menos más rápido… Porque lo más triste sería que la “gran ilusión” llegara al puerto, estuviera frente a frente, ante nuestros ojos, y aunque nos apeteciera embarcarnos en esa aventura ilusionante, el vértigo/miedo/rayadas nos frenara y el barco pirata partiera sin nosotros… Porque rara vez vuelve… Y si vuelve más raro es que tengamos opciones de embarcarnos. Que esta vez ningún cocodrilo nos arranque la ilusión ;)

Bookmark and Share

Escribe tu comentario