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May 2010 06

Ha llegado el gran día para el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Todo huele a cambio y todo apunta al joven ‘tory’ David Cameron, un hombre que llegó para revolucionar las estructuras de su partido y que ahora pretende remover los cimientos de las Islas Británicas para devolver a su país a la senda que abandonó hace algunos años.

Hoy cambiará la historia del Reino Unido. ¿Para cuándo la historia del resto? Me hago esta pregunta con mucha sinceridad y sentido crítico. ¿Para cuándo los españoles seremos capaces de afrontar el cambio de rumbo que hoy acontecerá en UK?

Probablemente hagan falta tres ingredientes esenciales para que se produzca algo así en un país:

1. Una nueva ilusión. Hoy se enfrentan a las urnas varios candidatos, entre los cuales destacan tres: dos ilusiones y un fracaso. No voy a profundizar en los motivos que me llevan a pensar (perdón: a afirmar) que Gordon Brown es el mayor fracaso que ha pasado por el Imperio Británico en los últimos años: capaz de dinamitar lo mucho que construyó su predecesor en el cargo, Tony Blair.

Los otros dos candidatos son jóvenes, bien preparados, rodeados de grandes equipos, con dos partidos sólidos que les respaldan… Pero tienen, sin duda, algo que les convierte en las dos alternativas favoritas que concurren a estas elecciones británicas: su ilusión. Han sido capaces de elaborar dos proyectos sólidos y solventes basados en una misma intención: cambiar. ‘CHANGE‘ es la palabra de este jueves. Y ‘CHANGE’, como ocurrió hace 18 meses en EE.UU. sólo responde a un mismo impulso: la ilusión.

Gordon Brown perdió la ilusión por ser ‘Prime Minister’ hace mucho tiempo. Yo creo que en el mismo momento en que recibió el ansiado testigo de manos de Blair: su vida había sido la de un catedrático que pronto se convirtió en un político gris del Partido Laborista. Su ansia (y digo ansia) por alcanzar el liderato dentro de su partido le llevó a mover la silla de Blair para arrebatarle el testigo. Fue el ansia; ni rastro de ilusión.

Éste es uno de los principales problemas que nos encontramos hoy en día en la política: ¿Nos mueve el ansia o la ilusión? A mí sin duda la ilusión: por eso me afilié a un partido político (para transformar lo que me rodea y mejorar las vidas de quienes me rodean: vocación de servicio público), pero no todos pueden decir lo mismo. Gordon Brown, igual que algún otro que yo conozco, se movió por el ansia de alcanzar el cargo. ¿Y para qué quería ser el jefe? Respuesta: para serlo y valerse del cargo. Correcto. ¿A costa de qué? De cualquier cosa. Correcto. Y eso es lo que destroza la política y la reputación que tenemos los políticos en muchas partes del mundo. Los políticos que lideran algo sin ilusión acaban dinamitando el proyecto de su equipo, el proyecto de su generación o incluso, como en el caso de Zapatero, el proyecto de una Nación entera. No podemos permitirnos el lujo masoquista de elegir a personas sin ilusión, y por eso el Reino Unido va a elegir ‘CAMBIAR’ ¿para qué? ‘PARA GANAR’ ¿para qué? ‘PARA QUE GANE EL REINO UNIDO’ (el lema del Partido Conservador y, según lo releo, un proyecto ilusionante de futuro).

Últimos días como ‘Prime Minister’

2. Romper el ‘Statu Quo’. El segundo ingrediente es para mí esencial: estar dispuesto a remover los cimientos de lo establecido, romper esquemas, cambiar lo que haga falta… Para construir un nuevo edificio, éste no se puede levantar sobre las ruinas del edificio anterior. No estoy hablando de dar la espalda a lo bueno y muy bueno que han hecho los anteriores, sino todo lo contrario: aprovechar ese trabajo realizado por tus predecesores pero sin acomodarse en la suculenta inercia de seguir únicamente lo que otros hicieron antes.

Hay que estar dispuesto a cambiar lo que haga falta, a replantearse todo. Y para ello es preciso elaborar tu propio proyecto político, preparado por el nuevo líder y que le siente exactamente a su medida.

David Cameron tomó las riendas del Partido Conservador ante la escéptica mirada de algunos de sus compañeros de partido que le veían demasiado joven para un partido demasiado antiguo. Pero sobre todo le veían como un joven con ganas de cambio: cambiar su partido para después cambiar su país.

Ahí surgieron las palabras del lema ‘Change to Win. Win for Britain‘. No sólo se refería a cambiar la Nación, sino a cambiar antes su histórico partido para adaptarlo a los nuevos tiempos. Él no rechazaba lo que John Mayor o Margaret Thatcher hicieron antes, porque sino jamás habría sido un ‘tory’ y menos aún el líder de los ‘tories’. Pero supo edificar un nuevo proyecto político dispuesto a cambiar lo establecido, lo que nadie se había atrevido a cambiar antes entre los ‘Conservatives’.

Hace cuatro años que leí por primera vez y traduje el discurso en el que Cameron se convertía en líder de los suyos. En ellas se hace una alegato a la realidad: “ellos serán el peor Gobierno de los últimos años”, serán unos incapaces, estarán llevando al país a la ruina… “pero no nos engañemos: ellos son malos, pero nos han ganado”. ¡Es impresionante! Ahí está un primer punto de partida necesario para elaborar cualquier proyecto ilusionante: conocer la realidad. No basta con que nos miremos el ombligo y repitamos lo buenos que somos día tras día (y esto vale para todos); consiste en saber que quizá estemos mejor preparados, que quizá tenemos cerebros pensantes privilegiados y los mayores técnicos en cada materia… pero nos han ganado. La gente ha preferido otra cosa la última vez, y ahora hay que levantar algo nuevo sin caer en los viejos errores que nos llevaron a esta situación.

Sólo siendo capaces de asumir las cosas malas y las no tan malas, seremos capaces de hacer algo grande.

“¿Cómo ha estado el jefe? – Brutal, ha estado como siempre espléndido”.

Sí, pero las encuestas dicen que ha perdido el debate, la intervención o lo que sea en cada momento. En una empresa pasa lo mismo: “ha estado espléndido, como siempre”, pero la empresa no vende su producto.

¿Qué será mejor? Que el partido asuma la realidad. Y para eso que los líderes sepan realmente cómo lo están haciendo (el veredicto de la calle, que es el de quienes les votan). Y para eso que los asesores no seamos tan pelotas. Y para eso que los puestos no dependan del peloteo sino de la valía y de las capacidades de cada uno (sí, incluso los puestos de confianza). En definitiva, no tener miedo a querer ser los mejores de verdad, aunque para ello haya que darse cuenta de que, como dijo alguien en un Congreso, algo debemos de estar haciendo mal. Es un buen punto de partida. El mejor, sin duda.

Mi apuesta: Cambiar para Ganar

3. Por último, tener el mejor proyecto político. Y para eso hay que hacer dos cosas: escuchar a la calle, a los ciudadanos, sus demandas e inquietudes, sus problemas y sus sueños (ellos son quienes mandan en el sistema político; quienes deciden a quién votar y a quién no votar). Y, sin duda, tratar de contar con los mejores.

Para tener un proyecto ganador hay que contar con los mejores. Expertos de cada materia elaborando cada parte de ese proyecto ilusionante. Grandes economistas, abogados de prestigio, consultores, analistas financieros, grandes estadistas, politólogos de prestigio… en definitiva, un potente ‘think tank‘ en el que se encuentren pensadores y expertos capaces de elaborar el proyecto más políticamente sólido posible.

La gente preparada es imprescindible. Sin ellos no hay nada que hacer. Haríamos un proyecto lleno de luces de colores, de confeti y de humo, sin nada detrás: un proyecto sin fondo o, lo que es lo mismo, un proyecto al puro estilo ZP. Pero hablar de “los mejores” no es sólo hablar del ‘think tank’: es saber colocar a cada “mejor” en su sitio.

- Las mentes expertas y pensadores en el “think tank” y en los puestos que cimentan el edificio y dan cuerpo a una estructura sólida políticamente.

- Los hombres de partido, con decenas de años de experiencia interna, construyendo el aparato de las siglas y la marca que se presentará una y otra vez a los ciudadanos en cada mitin, en cada acto reivindicativo, en cada plaza y en cada calle. Son imprescindibles para que el partido exista y se mueva. Y sin partido no hay ni expertos ni líderes carismáticos.

- Y los líderes carismáticos, los transmisores de  las ideas que las mejores mentes expertas y pensadores han elaborado en el ‘think tank’ y dando la cara al público apoyados por la estructura que los hombres de partido han fortalecido, mantenido vivo e impulsado.

No parece tan complicado: cada uno a lo suyo, cada cual en su lugar. En una empresa los contables no hacen hacen de comerciales, ni los abogados elaboran las campañas de marketing. Pues aquí lo mismo: ni los del hombres de partido dando las mítines, ni los carismáticos mitineros elaborando papeles, ni las mentes de los expertos colocando las sillas. Eso sería un desmadre, ¿no? Cada cuál a lo que tiene que estar.

También puede darse el caso de que un hombre de partido sea buen mitinero y tenga carisma. O que un hombre de partido sea una mente privilegiada. Y claro también pueden darse las tres cosas al mismo tiempo… Entonces tendremos a los mejores. Cada uno sabemos qué líderes arrasan en las urnas, están bien formados y llevan decenas de años de afiliación en cada partido. Hay varios. Y son capaces de conocer cómo hacer un partido a su medida, qué ideas son las mejores de las que les preparan los expertos y cómo transmitirlas porque saben cómo enganchar con la sociedad.

Cameron puede que sea uno de estos líderes. Estoy convencido que el candidato Liberal-Demócrata, Nick Clegg, también lo podría ser (aunque dudo que le consiga arrebatar las llaves del núm. 10 de Downing Street a líder ‘tory’).

La suerte está echada. Y la envidia también… porque ya va siendo hora que, de nuevo, un líder de verdad gobierne en España.

Ready for Change

Imagen de Campaña de los 'Conservatives'

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